Digamos que estas palabras mías surgen del hecho de que es facilísimo para cualquiera dedicar tiempo a criticar, pero raramente se emplea ese mismo tiempo para regalar una palabra de aprecio, un elogio o un simple gracias.
Yo necesito dar las gracias mil veces al Hospital General de Fuerteventura.
Gracias por haberme prácticamente salvado la vida en dos ocasiones. Gracias por la profesionalidad. Gracias por la competencia. Gracias por la amabilidad con la que me han tratado y gracias por haberlo hecho también con las numerosas personas arrogantes que he visto durante mis ingresos. Gracias por la dulzura de quienes me asistieron constantemente durante la estancia y durante la rehabilitación.
Gracias por seguir haciendo un seguimiento y por asistirme para que mis patologías puedan remitir o, al menos, mantenerse estables.
Gracias por todas las sonrisas que te hacen olvidar por qué estás ahí; es innegable que ellas también forman parte de la cura.
Es evidente que las cosas no siempre salen bien, pero la enfermedad es un camino difícil, sin duda para el paciente, pero también para quien debe atenderte. Y si quien te asiste, además de profesionalidad, le pone humanidad, todo es, sin duda, más fácil.
Gracias,
Aldo Origgi


