Ucrania gana Eurovisión y Chanel hace historia llegando al tercer puesto

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Europa es pura pasión. Adora a esa gente que pone toda la carne en el asador. Que se levanta. Que vive sin permiso. Que ilusiona. Por ello, Ucrania ha barrido en Eurovisión 2022, como recoge El Periódico de España. Es cierto que el factor emocional de la guerra ha jugado un papel clave, pero este dato no debe quitarle hierro a lo sustancial: ‘Stefania’ es un canto al amor en tiempos de dolor. Y eso, en un Viejo Continente desestructurado, resulta un bofetón directo al corazón.


No es una canción típica ni destemplada. Es única, una característica que no abunda con frecuencia en el certamen. Ha sabido hacer de la sencillez su carta de presentación, sin necesidad de caer en estridencias ni alardes. Les ha bastado un mensaje de hermandad: a todos nos gusta sentirnos vivos… en especial, si lo hacemos unidos. Esto explica también que España haya subido tantos puestos respecto a la última década. Chanel no ha ganado, pero ha conseguido algo único: decir a nuestros vecinos que queremos celebrar la vida.

‘SloMo’ ha recibido 459 puntos, lo que le ha valido una tercera plaza que sabe a victoria. Pues, desde la participación de Ruth Lorenzo en 2014, España no ha vuelto a ser tema de conversación. Ni a generar interés ni entusiasmo. De hecho, llevábamos seis ediciones consecutivas quedando por debajo del número 20 (Edurne, Barei, Manel Navarro, Amaia y Alfred, Miki Nuñez, Blas Cantó). Después de bastantes años, nuestro país ha conseguido cuajar un concepto ganador. Tanto es así que, de las 25 propuestas exhibidas, la de Chanel ha sido de las pocas que ha sabido sacar punta a la diferencia. Desde luego, no tiene la mejor voz, pero sí el mayor carisma. Así lo ha demostrado en las distintas conexiones que, durante la gala, Laura Pausini, Mika y Alessandro Cattelan han realizado con la Green Room. Además, no hay que perder de vista que estos formatos los conquistan quienes son capaces de conectar de forma más intensa con el público. Ahí están, por ejemplo, los casos de Neta (Israel, 2018), Måns Zelmerlöw (Suecia, 2015) o Lena (Alemania, 2010).

Los gorgoritos discotequeros de We Are Domi (República Checa), el conjuro bretón de Alvan & Ahez (Francia), las palmadas nostálgicas de Maro (Portugal), la oración pagana de Systur (Islandia) o la esperanza desbocada de Stefan (Estonia) no han conseguido hacer sombra a la entrega con la que Chanel ha pisado un abarrotado Pala Alpitour.

Los ritmos latinos, así como la letra y la puesta en escena, han encajado a la perfección en el ideario que la cantante hispanocubana ha defendido desde el Benidorm Fest, la plataforma donde fue escogida para representarnos en Turín: feminista, reivindicativa y empoderada. «Y no se confundan, señoras y señores. Yo siempre estoy ready para romper caderas, romper corazones. Sólo existe una, no hay imitaciones. Y, si aún no me creen, pues me toca mostrárselo», ha cantado (y bailado) enfundada en su brillante Palomo Spain y ante un auditorio dividido entre la devoción y el estupor.