El teniente coronel Antonio Tejero ha fallecido este miércoles a los 93 años, según han confirmado el despacho de abogados que representa a su familia. El fallecimiento coincide en el día en que el Gobierno ha desclasificado los documentos del golpe de Estado del 23-F que él protagonizó. Hace dos días se cumplió además el 45 aniversario de ese momento histórico.
Antonio Tejero Molina alargó el golpe hasta el amanecer del día 24. Probablemente, su obstinación no obedecía a que se negara a asumir su fracaso sino a que se negaba a aceptar su soledad y abandono. En la madrugada del 23 al 24 de febrero de 1981, Tejero ya estaba completamente solo. Poco antes de las dos de la mañana, TVE informó de que los 1.800 hombres del general Milans del Bosch regresaban a sus cuarteles en Valencia. Tejero se agarró entonces al apoyo, en retirada, de Pardo Zancada.
Tras la intervención televisiva del Rey, el Ejército, dispuesto a conspirar contra la democracia, se negó a hacerlo contra la Corona [algunos de sus miembros por convicciones monárquicas; otros porque sabían que eso prendía la mecha del enfrentamiento civil: buena parte de aquella generación de militares participó en la Guerra del 36]. Armada no pisó Zarzuela y el golpe se desvaneció.
A las cuatro de la mañana, Milans anuló su manifiesto de insurrección. Tejero porfió tras el discurso del rey Juan Carlos: «Yo no puedo dejar a estos chicos en la estacada». Le faltó añadir: «Como me han dejado a mí». Efectivamente, Tejero se acompañó para la asonada de un puñado de cadetes trémulos e imberbes. Sólo negoció una salida digna para ellos. Pardo Zancada, también en el Congreso, propuso a Milans que le comunicase directamente a Tejero su retirada. Milans se negó; la solución Armada no sólo ya era también inviable sino que además tampoco le parecería suficiente a Tejero, para quien Armada era ya un político más. Para su parroquia, a Tejero lo ennoblece su numantina resistencia; para la Historia será el hombre que tiroteó al aire en Congreso, un fanático crecido en una atmósfera viciada por los rumores y planes de confabulación, un iluso peón, un peligroso iluminado. Para algunos es, además de todo a la vez, un chivo expiatorio.
Llegó más lejos que ninguno y nunca se arrepintió; tampoco solicitó el indulto -lo pidió para él la Archicofradía de la Celeste, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced-, como hicieron Armada y Milans. Poco después del Golpe, en prisión, fundó Solidaridad Española y cosechó 28.000 votos. Hasta ahí la prolongación de su épica. El Gobierno socialista impulsó una exitosa campaña de renovación de la imagen de la Guardia Civil, bajo el lema Cerca de ti, que su teniente coronel había corrompido. Tejero se convirtió muy pronto en una pieza de museo. Algún hagiógrafo lo ha descrito como un «hombre de honor». Mantuvo su silencio durante mucho tiempo.

