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Fuerteventura ‘entrena’ a los robots que investigarán el polo sur de la Luna

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Tras la arena blanca, la Cañada de Melián y la huella imborrable de los volcanes se erige un paisaje que hoy sirve de escenario en la futura carrera espacial. Por el desierto que rodea la localidad de Lajares, en Fuerteventura, un pequeño robot zigzaguea por el impracticable terreno tratando de evadir los piroclastos volcánicos, los pequeños arbustos y algún que otro desnivel con la mayor precisión posible. Lo hace sin que nadie le diga dónde ir ni qué hacer para cumplir un cometido que ninguno de su especie ha podido si quiera imaginar. Y es que si hoy consigue demostrar que puede recorrer los cráteres y el abrupto paisaje de la isla majorera sin caer ni chocar, algún día podrá volar solo y hacer lo que ningún otro robot ha podido hacer: recorrer en solitario y sin ayuda el polo sur de la Luna.

El pequeño robot ha pasado once días (y noches) probando sus dos nuevos módulos navegación autónoma: el FastNav y el Hawkeye. Lo hace a través de un proyecto de colaboración internacional, de la Agencia Espacial Europea (ESA) y Agencia Espacial de Reino Unido (UKSA) a través de la multinacional tecnológica GMV, que ha elegido Fuerteventura para poner a prueba la viabilidad de utilizar esta novedosa tecnología de posicionamiento.

«Fuerteventura es un enclave perfecto para realizar estos test», destaca Cristina Luna, jefa de proyecto y líder técnica de robótica planetaria en la división de Robótica y Autonomía de GMV. Nomad –como se ha bautizado a este robot– es especial no solo por ser el primero en recorrer los singulares caminos de roca blanca de esta zona de La Oliva, sino porque es el primero en hacerlo sin ayuda de un humano.

Un nuevo sistema de navegación

Sobre él se ha desplegado el sistema de Guiado, Navegación y Control (GNC) basado en la Arquitectura Modular de Autonomía para la Navegación Rápida Multimodo y Multialcance de Rovers Lunares. «Funciona de forma similar a un GPS, pero no solo sirve para navegar porque también tiene una vista externa satelital», resume Luna, que insiste en que la tecnología es capaz de hacer al rover consciente de su lugar en el espacio.

«Tiene un detector del entorno con el que es capaz de evitar obstáculos de forma autónoma y así decidir por dónde ir», explica la ingeniera, que insiste en que gran parte de las pruebas se están haciendo de noche para propiciar un entorno similar al que hay en el sur de la cara oculta de la Luna. El nuevo sistema combina visión artificial clásica, técnicas de inteligencia artificial, detección y evitación de obstáculos, planificación y modificación de la trayectoria en tiempo real y control autónomo del vehículo. En total se trata de tres módulos tecnológicos (FastNav, Hawkeye y Anime) los que conforman el corazón de Nomad.

Esta tecnología supone un salto de calidad para las futuras misiones, pues le permite mejorar en dos aspectos que hasta ahora limitaban la exploración especial fuera de la Tierra: la velocidad y la zona recorrida. «Normalmente los rovers se mueven a unos 3 o 4 centímetros por segundo; eso significa que tarda muchísimo en recorrer un solo metro», afirma la ingeniera. Si a eso se suma que la mayoría deben estar teledirigidos desde la Tierra (lo que suma unos segundos de latencia), la calidad de imagen de los antiguos robots y un espacio dominado por las tonalidades grisáceas, la exploración se vuelve «muy lenta y poco eficiente». «En un año finalmente has recorrido muy poca distancia, con lo que las misiones acaban teniendo poco retorno», sentencia.

Aplicando esta nueva tecnología, la empresa aeroespacial ha logrado que su robot se mueva a 1,2 metros por segundo. «Es un salto de calidad, estamos hablando de que se mueve 40 veces más rápido», indica la investigadora. Durante estas pruebas, que comenzaron el 27 de septiembre y se prolongarán hasta el próximo 10 de octubre, GMV llevará a cabo actividades realistas inspiradas en escenarios de misiones reales, entre ellas la exploración de cráteres lunares, así como desplazamientos en condiciones de baja visibilidad dentro de regiones permanentemente sombreadas. «Hemos hecho mucho trabajo por la noche para ver cómo funciona en las condiciones lunares», indica Luna.

es que ahí está la clave de este avance técnico: la posibilidad de investigar una de las áreas más misteriosas de la Luna. «Hay un interés creciente en el sur de la Luna porque se cree que allí puede haber oxígeno y agua en forma de hielo», resume la ingeniera. Sin embargo, los rovers actuales –han sido dos los que han llegado hasta ahora a la cara oculta de la Luna– son tan lentos que, al final, resultan poco útiles para realizar estas tareas en un tiempo adecuado. «Hoy en día son muy pocas las oportunidades de llegar a otro cuerpo del Sistema Solar, por eso hay que pensar muy bien qué enviamos, cómo lo hacemos y qué va a hacer allí, para sacar el máximo rendimiento científico y tecnológico de unas misiones de las que aprendemos muchísimo», revela Luna.

¿Agua en los polos de la Luna?

En concreto, las regiones polares de la Luna han adquirido un interés especial debido a la posible presencia de agua y otros compuestos volátiles, así como a sus condiciones extremas: en algunas regiones en sombra permanente, las temperaturas pueden acercarse a los -243 grados centígrados), y la falta de luz dificulta la navegación. El regolito y los recursos minerales, incluidos los metales y los elementos de tierras raras, también podrían resultar útiles para futuras misiones.

El desarrollo de tecnologías de apoyo para los rovers y los módulos de aterrizaje (y, en última instancia, para la presencia humana en la superficie lunar) se ha convertido en una prioridad para la industria espacial y la ESA. Reino Unido, a través de su Programa General de Apoyo Tecnológico (GSTP) contribuye a garantizar que estas tecnologías fundamentales se desarrollen y alcancen el grado de madurez necesario para reforzar la competitividad de Europa.

«Este logro pone de relieve la importancia de la contribución del Reino Unido a la exploración espacial europea y demuestra cómo las inversiones en robótica avanzada están ayudando a madurar las tecnologías necesarias para las futuras misiones lunares», concluye Juan Bevan, director de desarrollo de negocio en la filial británica de GMV.

Fuente: La Provincia

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